El padre fray Reginaldo de Lizárraga
(1540-1612).
comparte sus impresiones
sobre la naciente urbe limeña alrededor de la plaza de armas, a comienzos del
siglo XVII.
“…Los edificios de esta ciudad son
de adobe, pero buenos, y como no llueve, los techos de las casas son chatos.
Las casas principales tienen sus azoteas; desde fuera no parece ciudad, sino un
bosque, por las muchas huertas que la cercan, y no ha muchos años que casi
todas las casas tenían sus huertos de
naranjos parras grandes y árboles frutales de la tierra, por las acequias que
por las cuadras pasan; pero agora, como se ha poblado tanto, por maravilla hay
casa que tenga dentro de sí árbol ni
parra.
La plaza es muy buena y
cuadrada, porque toda la ciudad es de cuadrado; tiene la plaza dos frentes
cercados de arcos de ladrillo y sus corredores encima, ó por mejor decir
doblados en los portales; arriba mucho ventanaje y muy bueno, donde se ven los
regocijos que en ella se hacen. Estos portales
y arquería adornan mucho la plaza y defienden el sol á los tractantes,
el cual á su tiempo es muy caluroso; debajo destos por tales hay muchos
oficiales de todo género que en la plaza se sufre haya…”

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